Ospina traza una continuidad entre el modus operandi en Nuestra película y la realización de La desazón suprema. La experiencia con Jaramillo es escuela para trabajar con medios muy reducidos y menos personal técnico; de este modo, prescindir de tecnología aparatosa facilita el encuentro con Vallejo y marca la entrada de Ospina al video digital. En sus videos experimentales, Ospina ya había intentado un acercamiento más íntimo a los sujetos de sus documentales. Estos incluyen, por ejemplo, Autorretrato (dormido), un trabajo hecho en 1971, en los tiempos de estudiante en ucla. Con Sleep (1963) de Andy Warhol en mente, Ospina decide auto-filmarse “para hacer, tal vez, la única película dirigida por un hombre dormido”, como reza el texto de este video experimental.

En el 2003, Ospina responde a una invitación del artista José Alejandro Restrepo para hacer un trabajo basado en Fragments d’un discours amoureux (Fragmentos de un discurso amoroso) de Roland Barthes con un videoarte. En Video(B)art(h)es, Ospina combina imágenes filmadas en la India, Tailandia y Nueva York, recicla imágenes de Autorretrato (dormido) y juega con las posibilidades que le ofrece una cámara digital. Este fue un gran contraste en comparación con las aparatosas demandas de la filmación de Soplo de vida pocos años atrás. 22“Vini, video, vici.”, Op. cit., p. 181.

Dice Elena Oroz sobre Un tigre de papel: “Luis Ospina parece perseguir a un fantasma, que no es el de un hombre sino el de una época” 23Oroz, Elena, “Un tigre de papel” en Oiga/vea: sonidos e imágenes de Luis Ospina, Cali, Universidad del Valle,
2011. 313-314. Publicado originalmente en Blogs&Docs.com, n.º 12 (noviembre 2007). Según la ficha técnica del documental, Un tigre de papel es un guion de Luis Ospina “basado en un personaje creado por Lucas Ospina, François Boucher y Bernardo Ortiz, con la colaboración de Carolina Sanín”; ese personaje protagonista es Pedro Manrique Figueroa. Es un retrato apócrifo que busca convencer al espectador gracias a la polifonía de testimonios y el sentido de veracidad que imprime el manejo de materiales de varios archivos. De este modo, es un triunfo de la narración, tal como lo anuncia la sentencia de cierre del documental.

Un tigre de papel es un collage que se construye a partir de cuanto recurso de archivo fílmico y de documentos Ospina puede echar mano: found footage, video educativo, metraje histórico de archivos de varias partes del mundo, fotografías (incluso una foto de Asunción aparece aquí con minibiografía política), cartillas, panfletos, afiches políticos, carteles y correspondencia, para citar algunos de los materiales. Es un manejo diestro de archivos para darles un nuevo uso y significado, lo que el inglés describe mejor como repurposing. En ese nuevo uso, al re-editar los archivos, prestan su servicio a memorias y testamentos falsos para la creación de un personaje mítico. Los colaboradores de Un tigre (políticos, críticos de arte, intelectuales, directores de cine y más) son usualmente filmados en espacios interiores.

Rayando entre la intimidad y la claustrofobia, este tipo de registro y las interpolaciones del archivo producen un efecto fantasmagórico sobre los discursos utópicos de cambio social de los años sesenta y setenta y el legado de tres grandes revoluciones del siglo xx, la rusa, la china y la cubana. De nuevo, todo está contado desde el recuerdo y la ruina, esta vez de las ideologías de izquierda.





Si dejas obra, muere tranquilo,
confiando en unos pocos buenos amigos.

ANDRÉS CAICEDO ¡QUE VIVA LA MÚSICA!

Hace algunos años, cuando le expresé mi pesar por la muerte de Mayolo, Ospina me respondió que ellos se habían convertido en Hugo, Paco y Luis. Quedaba Luis24Hugo, Paco y Luis son los nombres para América Latina de Huey, Dewey, and Louie (en España, Juanito, Jorgito y Jaimito), sobrinos del Pato Donald, personaje de Walt Disney.. En lugar de prolongar la tristeza, soltamos una gran carcajada. En el cine, en sus imágenes y sus referentes, siempre se encuentra un subterfugio para comunicarse con la timidez de Ospina. Todo comenzó por el fin reconstruye la memoria de esas tres figuras —Caicedo, Mayolo y Ospina— que siempre han querido reconocerse como los traviesos del cine colombiano.

Todo comenzó por el fin podría leerse como una extensión, una segunda parte o una visita tardía y revisada de (1986). La frase de la novela de Caicedo confiere esa responsabilidad de albacea mencionada al comienzo de este texto, que Ospina se toma muy a pecho. Unos pocos buenos amigos tiene una estructura de prólogo, doce capítulos y un epílogo. Es un trabajo que tiene las virtudes —como en el caso de Vallejo— de rescatar materiales inéditos, desconocidos o menos divulgados del escritor y de salvar la relación de Caicedo con el cine, no a partir de la palabra sino de sus intentos de hacer cine, de su breve paso como director y actor en Angelita y Miguel Ángel 25Cuidar los escritos de Caicedo también ha sido labor de Ospina; junto a Sandro Romero curaron una selección de la obra crítica, titulada Ojo al cine (Bogotá: Norma, 1999)., además de su relación con el teatro que fue integrante primordial de toda su obra artística. Se incluye entonces una “reconstrucción de un filme perdido de Andrés Caicedo y Carlos Mayolo (1971)”, basado en un cuento del escritor. De esa reconstrucción se desprende la estructura del documental, los testimonios y la selección de las locaciones.

En un marco lúdico, había hecho algunos registros de Caicedo y su último grupo de amigos con una cámara de video (una de las primeras en llegar a Colombia) que Hernán Nicholls adquirió para su oficina de publicidad. Ospina les da un sentido que funcione para los propósitos de Unos pocos buenos amigos y, junto a una entrevista para un programa de Colcultura (entidad que precedió al actual Ministerio de Cultura de Colombia), dirigido por el escritor Juan Gustavo Cobo Borda, constituyen el corpus de imágenes fílmicas del escritor que más se conoce.