KG: En estricto sentido, ya es actuar desde que está habitando una ficción aunque el chico no sea entrenado. Pero, ¿cómo fue para ti compartir el set con un no actor?


AC: Fue interesante porque él tampoco conocía el guion. A él se le iba entregando todos los días en la mañana lo que tenía que hacer durante el día. El chico, efectivamente de un origen muy humilde, era encantador, la cámara lo amaba, tenía un ángel maravilloso. Tenía 17 años, muy espontáneo. Cualquier cosa que sucedía yo debía estar muy atento a su reacción, que podía ser cualquiera. Yo me preguntaba ahí si tenía algún valor realmente —yo creo que lo tiene— el hecho de haber estudiado cuatro, cinco años, haber trabajado treinta años, para que de pronto llegue un chico muy talentoso y sin ninguna experiencia. Yo creo que todos nos hemos enfrentado de repente a eso.


Juana Acosta: En el caso de Anna, el trabajo fue, sobretodo, con un niño de diez años al que tampoco se le entregó el guion nunca. El director, Jacques Toulemonde, le contó el “cuentito” de la historia, aquello que íbamos a relatar juntos. Pero nunca le dio las escenas para que se las aprendiera. Para mí fue un reto muy grande trabajar con un niño porque me suponía tener que estar con la escucha muy abierta, estar muy atenta, estar en el aquí y el ahora. Yo sí sabía para dónde teníamos que ir pero el niño no. Él sabía más o menos por dónde teníamos que transitar y yo sabía a dónde teníamos que llegar. Para mí fue muy revelador, porque todo el trabajo estaba basado en la improvisación.

Hicieron un casting entre 100 niños en Francia, y pienso que realmente el niño está muy presente y muy vivo en la película. Creo que lo que empieza a pasar entre los dos tiene que ver con esa manera que Jacques propuso —que para mí fue muy interesante—, esto de que juntos lo íbamos haciendo.

En mi país, esto está causando mucho revuelo porque todos los actores profesionales están un poco angustiados porque toda la nueva ola de directores está contando con muchos actores naturales, pero para mí era interesante trabajar con gente que realmente nunca había tenido la experiencia que tengo yo. Yo llevo ya 22 años de experiencia y muchas veces me hacía esta pregunta que te hacías tú, ¿cómo funciona esto?, y creo que funciona bastante bien.


Público invitado: Aquí en México hay un par de directores que trabajan mucho, o que buscan mucho, a “no actores” para trabajar con ellos. Y lo que les escucho decir tiene que ver con un miedo a no saber comunicarse con los actores profesionales, entonces prefieren no actores porque creen que eso les facilita el trabajo.

Luis Gnecco: Eso es un miedo de muchos directores, cómo enfrentar a los actores. No sé por qué nos tienen miedo.


Marisa Paredes: ¿Yo puedo aportar algo a lo que estáis diciendo? No creo que el hecho de ser profesional y encontrarte con un actor no profesional en frente te haga replantearte lo que estás haciendo; quiero decir que al enfrentarte a la cámara, a un director y a un texto, siempre hay algo ahí de uno mismo ¿no?, mucho de uno mismo. De manera que llegar a la profesión total es experiencia, a pesar de que cada vez que te enfrentas a un nuevo trabajo tienes las mismas dudas, como si acabaras de llegar.