Hay actores, y tal vez inclusive sin ser directores, que tienen un entendimiento a cabalidad de una escena y te ejemplifican y te dan lecturas, pero curiosamente la entienden tan bien, o entienden tan bien el viaje del personaje, que no logran bajarlo, solo está como el armado, el andamio, no logran hacer el trabajo ahí.


AC: Pienso que un actor es, sacándole todo juicio moral a mi palabra, una persona plena de muchas biografías. Hay escenas que uno ha vivido, escenas que se ha imaginado, algunas que uno ha deseado. No es fácil, por ejemplo, interpretar a un pedófilo, como en El club y en Desde allá, una de las filias que yo no puedo comprender —porque hay otras que posiblemente podría comprender desde la condición humana, pero defender la pedofilia según los textos de estos grandes autores y escritores es muy difícil—, pero también pienso que un actor es una persona enferma en el buen sentido de la palabra, plena de imágenes, de miles de millones de imágenes de millones de seres, de millones de personas, que cuando llega un momento es capaz de desanudar. Yo no creo que exista un personaje, ¿me entiendes? Me resisto. Son seres humanos que hay que representar.

A mí también me gusta mucho la indicación del director, o yo seré un hombre muy perverso que me encanta estar en el sometimiento del pensamiento de un director y ser un muy buen esclavo del director, y darle y tratar de colmar ese deseo para mí es fascinante: veinte veces, treinta veces, intentando colmar el deseo de un creador. Eso me parece fascinante.

TRABAJO CON EL DIRECTOR, ¿DESOBEDIENCIA CREATIVA?

MP: ¿Y si no te gusta lo que te propone el director o no lo encuentras?


AC: Ah, yo he peleado, fuertemente. Pero buenas peleas, peleas de director y actor. Aunque yo soy muy obediente también, llega un punto donde digo “así lo hacemos”. Pero creo que es muy bueno lo que dice Sonia, la discusión de un equipo también.


SB: Hablando justo de eso, yo confío en el equipo, como tú dices. Yo creo que en el cine —no estoy hablando de teatro—, a veces es mejor que no hagas nada y que confíes, porque el cine también es el silencio, la luz, la cámara, la lectura del ángulo, y lo que narra la escena es el movimiento de la vida. Pueden decirte: “Siéntate ahí y no pienses en nada”, pero cuando ves la escena montada, está la grúa que pasa por encima tuyo, la cámara... Yo no ignoro al equipo, por el contrario, miro al equipo. Cuanto más comprendo qué tengo que hacer con la cámara y con el equipo, mejor comprendo la escena. A veces, cuanto menos se hace es mejor, se representa mejor porque confías en la persona que tiene en su cabeza la idea total. Pienso que si uno no concuerda con el director, como dices tú [a Marisa Paredes], vas a perder tiempo de todo el equipo en discutir, y en el cine que hacemos no tenemos el dinero para hacerlo. Entonces vamos a hacerlo en conjunto.

JA: Creo que lo que me ha ido relajando mucho con los años y me ha ayudado a no entrar en conflicto con los directores es entender que es su historia, él es el que la está contando. Yo estoy poniendo un granito de arena en esa historia, así como el que pone la luz, así como la que me maquilla... Todos estamos poniendo un poquito para contar su historia, entonces creo que la flexibilidad en el actor es muy importante. Yo llego claramente con una propuesta siempre. Tengo mi propuesta pero me tengo que adaptar a lo que el director quiere porque el director es quien tiene esa visión absoluta de la película.


MP: No estoy completamente de acuerdo... En la flexibilidad, por supuesto, pero quiero decir... Ahí entra un poco esta cosa de la fe. Tú puedes tener una flexibilidad extraordinaria, hacer lo que te pide el director, pero hay algo en ti dentro que sabe que no era eso.


JA: Ah, sí. Y muchas veces he salido frustrada. Te lo digo, he aprendido a ser flexible pero te reconozco que muchas veces he salido con una rabia y diciendo: “¡Es que eso no era! Y si se cuenta así no se va a comprender”.


SB: No entiendan mal, no es una cuestión de obediencia sino una cuestión de preparación. Para mí lo más importante es la preparación de la película, que todos los departamentos, maquillaje, vestuario... estemos listos para empezar, y a partir de ahí todo hace parte de la película.


AC: Sí, y la creación también tiene un espacio subjetividad muy importante. Yo he trabajado con tres o cuatro directores que han descubierto el final de sus films ahí. Está escrito uno, está escrito dos, está escrito tres, y finalmente dicen “¡No, no, no!, este final no, vamos a filmar otra cosa”, y esa subjetividad me parece maravillosa.


SB: A mí me gusta mucho hacer una película en donde estemos todos de acuerdo con lo que vamos a hacer, y puede ser que en el camino hagamos algo que no está en el guion, estoy de acuerdo con eso, pero todos debemos estar de acuerdo con lo que vamos a hacer.


MP: Cada uno expone su manera de acercarse, de hacer las cosas, para mí no se trata de hacer la voluntad del director sin cuestionarla.


JA: Yo estoy completamente de acuerdo contigo, Marisa... El cúmulo de frustraciones, de decir: “Esto era más interesante si se contaba de otra manera” o “no se va a entender...”. Y me ha relajado mucho decir: “Es su historia”.