MP: Muy bien, y cuando has visto la película, ¿qué pasa?


JA: Cuando la he visto he ido con el director y le he dicho: “Lo has contado como has querido porque es tu película, pero yo pienso que eso se habría entendido mejor de otra manera”, lo he dicho con total tranquilidad.


MP: ¿Y te ha vuelto a llamar?


JA: Algunas veces no, y no me he cortado en decírselo... y no me ha vuelto a llamar.


AC: Pablo Larraín tiene un sistema precioso que es filmar, filmar y después dice: “Versión libre. ¿Cómo quieres tú hacer la escena? ¿Qué piensas? Hagámosla, probémosla”, tres, cuatro, cinco, seis veces. Y a veces ha quedado esa versión.


LG: También hay un tipo de actor... uno al que le gusta llevarle la contra, y eso tensiona las cosas. Yo estaba pensando en la satisfacción morbosa que dice Alfredo. Es algo que a mí muchas veces me pasa, no estar de acuerdo con algo, algo que realmente me da en las pelotas, y para mí la mejor forma de decirle al director que no estoy de acuerdo es hacerlo lo que me pide de la mejor forma posible, y, curiosamente, tal vez lo hago mejor en esos casos que cuando sí estoy de acuerdo con lo que hago.


AC: Hay un terreno de los creadores donde uno no puede meterse y son sus obsesiones. Yo creo que cuando tú empiezas a meterte ahí ya hay que parar. Si el tipo está en una obsesión, bueno...


JA: Creo que es importante dejar en claro que uno no está de acuerdo pero hacerlo porque es lo que te piden.


KG: Hay un grado, me parece a mí, de desobediencia creativa que muchas veces el director mismo agradece porque estableces un diálogo. Hay un feedback [retroalimentación].


LG: Y hay una desobediencia que no va a ninguna parte...


MP: Pero tú mismo lo has dicho, hay directores que no aceptan, hay directores que sí. La gran flexibilidad en mi opinión es saber adaptarse a las distintas maneras.

Ayer yo he comido con una compañera que me explicaba que estaba haciendo una película y que ella tenía muy claro, y el actor que trabajaba con ella también, que era una comedia con mucho humor, humor negro muy divertido, y que el director no tenía esa visión, para nada. Él no pensaba que era una comedia. Fíjate qué distinto, de pensar que es una comedia, con niveles naturalmente, pero que él no piense que es una comedia, sino otra cosa, una cosa dramática una comedia dramática, comedia sí, pero una comedia dramática.

Estaban absolutamente en guardia y diciendo: “Vamos a terminarla y ya veremos qué pasa”, pero al mismo tiempo me decían: “Intentamos ponerle a esto un humor determinado o añadir no sé qué palabrita”, y que el director decía: “Para nada, no es esto lo que yo quiero”. Entonces eso de la película que todos queremos hacer es muchas veces, como ella bien dice y creo con toda la razón, la idea de la película que el director tiene, que es él quien hace esta película.


LG: ¿Hemos tenido los presentes alguna experiencia —porque deduzco que más o menos manejamos una flexibilidad— que vaya tan a contra pelo como eso, como que el director crea que es una comedia y tú creas que estás haciendo un drama? Porque yo creo que ahí ya no hay más. Ahí tú te levantas y te vas del set.