MP: Me refiero al sentido del humor... Es muy fácil de entender que eso está o no está en una película. Es decir, se tiene una visión, una mirada, un no sé qué, y puede ser la escena más terrible del mundo, y todos lo sabemos —ahí está Chaplin—, que hecha de una manera humorística es mucho más rompedora y mucho más jodida.

Yo he oído alguna vez a un director decir: “Esta película es mía, la hago yo”, y los demás como que se acomodan a él. “Esto se hace de la manera que yo digo que se hace”, tú o coges eso o lo tiras.


LG: Pero es lo que dice Alfredo, cuando tu ya ves que eso es tan determinado, como una obsesión personal, perfecto, uno dice: “Ya está”.


MP: Claro, uno puede aportar en el proceso creativo dependiendo si te dejan o no. Uno puede llegar al colmo de la maravilla haciendo una escena que el director ofrece.


TRABAJO CON EL GUION

KG: ¿Hacen muchas notas en sus textos? ¿Trabajan con música para crear sus personajes? ¿Se apoyan en otras ficciones para apoyar y hacer la suya?


LG: Yo siempre intento hacer notas. Hay actores que llenan agendas y digo: “Ah, tienen muchas más ideas que yo, me parece que hay que hacer eso”, y finalmente veo después veo mi texto y tiene unas poquitas rayitas pero nada más.


SB: Depende...Tengo más las anotaciones de lo que me dice el director cuando estamos en ensayos, pensamos en cambios. Hay una cosa que me asusta de los americanos y es que cada vez que se cambia un punto, se viene una nueva página, si cambian una coma ponen una nueva página. Eso me incomoda mucho porque a mí me gusta mucho el guion que me pertenece.

Tengo una cosa visual con las palabras y a veces dibujo también un poquito. Kleber me enseñaba con dibujos cómo iba a ser la escena, cómo era el lugar, el trazo, dónde iba a estar la cámara, y eso me gusta mucho tenerlo en mi guion. Pero depende también de cómo vienen las palabras: me gusta trabajar con las palabras como si fueran música, que tengan los intervalos de silencio para poder hacer que la frase venga con pausas, con silencios, para poder hacer como música.

Algunas veces una palabra para mí tiene un mejor sonido que la otra, entonces yo propongo cambiar una palabra, una cosita, ¿sabes? Que sea mejor para mi vocalización, para la frase o para mi interlocutor.

Yo tengo el original de todos mis guiones, me gusta tenerlo porque a veces los revisito para recordar una escena. Cuando estoy haciendo la película siempre que terminamos una escena, doblo la página para ver lo que me falta por hacer. Hay muchas cosas que tengo que tener en cuenta. Es que soy como una niña que no quiere trabajar de verdad, entonces pongo notas coloridas, muchas anotaciones pequeñas y voy viviendo con mi trabajo de manera orgánica.


KG: ¿Juana, tú sí llenas de texto tus guiones?


JA: Hago muchísimas anotaciones. Me pasa que a veces, a medida que se va ensayando se van pasando nuevas versiones de guion y yo no suelto la primera. Voy anotando todo lo que converso con el director, todo lo que me va gustando cada vez que releo el guion. Intento releer el guion antes y durante para ver qué he hecho ya, qué ya se ha contado... Entonces voy anotando y al final no me cabe una palabrita más en la página.


LG: Es bonito. Es como un mapa muy personal.


JA: Me gusta. Y luego cojo las nuevas versiones y voy anotando lo nuevo en la primera versión que me dieron, entonces esa primera versión es como un todo, para mí es como mi Biblia, la tengo siempre conmigo.

Con relación al texto, me ha ido pasando con los años que me gusta ir probando cosas diferentes, y en estos últimos años me pregunto a dónde va a parar el texto, a dónde va a parar el pensamiento. Trato de buscar ese texto, hacia dónde va, y dotar ese texto de esa música que pide pero con relación hacia dónde va el pensamiento. Un ejemplo tonto, un dueño de una empresa llama a un empleado para decirle que no quiere seguir contando con él y lo va a despedir. Desde el “Hola, querido”, ya está todo el pensamiento, ya sabe que lo va a despedir. El final de la conversación es que no va a seguir contando contigo. Y a eso buscarle el cambio de ritmo.


SB: ¿Eso has hecho en tres años que duró el proceso de la película?


JA: Con Anna en tres años, sí, ¡imagínate ese Anna! Voy poniendo a veces páginas extras. Además siempre llevo el guion conmigo y voy arrancando las páginas de los días que ruedo, y al final de todo lo vuelvo a engargolar para guardarlo.


KG: Alfredo, ¿qué haces con ese objeto?


AC: Nada. Lo más apasionante para mí es la conversación con el director, el director de foto, los compañeros. La discusión sobre lo que se va a hacer. Ni una sola nota, no tengo ni el guion. Lo llevo, pero yo sé que voy a llegar y me van a cambiar todo. Para mí, lo más maravilloso es tener la libertad que yo puedo tener, cualquier cárcel para mí es nefasta. Yo no puedo funcionar así. Entonces el guion lo llevo en la bolsa.