Mi guía es la acción y veamos qué sucede. ¿Qué pasa? El viaje de aquí a allá es maravilloso. Entonces yo difiero contigo un poco. Yo digo: “Hola”, y no sé qué mierda va a pasar. No sé si me ponga a llorar al segundo siguiente o puede que me digan: “Estás despedido”, ¿me entiendes? No sé. De acuerdo con el director y con el equipo, uno tampoco hace las estupideces que uno quiera, pero hay un momento de conversación con el director, que son largas conversaciones, maravilloso.


JA: Yo no me lo vivo como una cárcel, en absoluto, sino todo lo contrario, me da toda la libertad. Esto me proporciona libertad.


AC: Vamos a psiquiatras diferentes.



JA: A mí me genera una libertad brutal, porque es como que me ayuda a llegar con algo que me de seguridad. Pero luego es fundamental llegar ahí y decir: “Adiós, ya está”, y a jugar.


SB: Ahora en la película había un actor que escribía todo en cuadernitos que cargaba; escribía todo. Nosotros teníamos muchas escenas juntos y veníamos con métodos totalmente diferentes. A él no le gustaba que lo llamara por su propio nombre sino por el nombre de su personaje. Yo lo admiraba, me gustaba tanto, me gustaba mucho ver una persona así tan dedicada... Pero no es que yo no fuera tan dedicada por no hacer los mismo, porque me dedico 24 horas los siete días de la semana. Nunca jamás paraba y seguía en el viaje.

Yo pienso en el guion como una herramienta que tengo a la mano pero no miro el texto cuando estoy trabajando. Pienso que cada uno tiene sus propios métodos. Este actor es la primera persona con la que he trabajado que tiene ese método. Cuando iba a hablar con él, yo no decía nombres, porque no quería llamarlo con el nombre del personaje, pero también sabía que a él no le gustaba que lo llamaran por su propio nombre; le decía “Eh...” y empezaba la conversación, muy raro. Yo no quería ser así, pero admiraba mucho su método. ¡Cómo admiro a los actores que tienen prácticas diversas!


LG: En mi caso siempre se descubre que no lo uso porque por lo general se me pierde el texto, entonces siempre viene un asistente y me dice: “Toma tu texto” y así todo el mundo supo que no me lo había llevado a la casa.


MP: Sonia, ahora entiendo mucho por qué tú tienes ese pavor a los supuestos actores técnicos. Un actor técnico no tiene por qué hacer eso, pero sí hay gente así de dogmática, con todos mis respetos hacia los que toman muchas notas. Yo también soy una persona que le dedica mucho al ir al mundo del sentimiento.

SB: Sí, cuando tengo escenas que son más reservadas, ésas que son un poco más difíciles para el actor, me gusta quedarme ahí con el equipo y verlos trabajar, eso es lo que más me emociona, ¿saben? Ver cómo se mueven... Porque es una vida muy diferente a la de otras personas. Estar ahí haciendo una película y no tener empatía con todos es como si yo estuviera haciendo una película en solitario. Me acuerdo de todo lo que pasó, cómo se mueven, cómo también en el set de filmación las personas comienzan a hacerse entender, los romances comienzan.

Es muy lindo ver cómo el cameraman ya está mirando un poco a la chica, y la chica está mirando al otro. Es la vida que pasa ahí frente a nosotros, hay mucha emoción en el set de filmación. Yo presto mucha atención a estos movimientos y siempre digo que en un set de filmación todos tienen que llegar y decir “Buenos días”, porque así nadie sabe nada de lo que pasó en la noche anterior...


MP: Cuando yo inicié este oficio, hace ya mucho tiempo, con esta cosa no del método pero justamente de lo contrario, de la necesidad de que nada te disturbe, que nada te saque de tu situación, a mí me molestaba todo: el señor que cogía el cable, el que cogía la cámara, eso me parecía un horror. Finalmente llegó el momento en que una colega, además muy estupenda, me dijo “No, no, no, no, tienes que amar a todos”. Ese día me abrió la cabeza, los ojos, la vida, todo. Y es verdad que a partir de ese momento sentía un verdadero placer, sentía el amor de todos; había ahí una entrega por lo que estaba pasando. Tú dices [a Sonia Braga] que llevas cincuenta años trabajando y parece que no tienes ningún método, pero en realidad tienes todos los métodos.


JA: Todo esto que les cuento es como me gusta y me apasiona meterme. Pero luego me enfrento con alguien como Jacques Toulemonde, que me dice: “No quiero que prepares nada“, y yo “¿Perdón?”. Anna es un personaje muy complejo, ésta es una cabeza difícil, muy lejana a la mía. Para mí también fue un lindo reto, además era hacer una película en francés. Yo fui al liceo francés y lo hablo bien, es mi segunda lengua, pero enfrentarme a trabajar en otro idioma con un niño que no se sabía el texto, pues me podía salir por cualquier lado. Estuve con un profesor de francés, no trabajando el texto sino todas las posibilidades que pudieran llegar a surgir con ese niño, todos los caminos posibles de improvisar. Fue fascinante para mí tener que llegar allí y obviamente el mapita me lo hice, no como otras veces. El mapita lo tenía hecho, pero la fascinación de llegar ahí y el desafío de decir: “Bueno, vamos a ver, vamos a ponernos aquí con lo que venga”, el niño y yo y lo que nos toca contar aquí. En este caso en concreto, en el de Anna, no fui con el trabajo tan minucioso, tan detallado, bastante pero no tanto como otras veces.