PERSONAJES HISTÓRICOS

KG: Ahora, Luis, tengo una curiosidad personal porque este año me tocó interpretar en una película a Rosario Castellanos, una escritora mexicana. Entonces quiero preguntarte qué diferencia encontraste en interpretar un personaje que existió y cualquier otro. ¿Te sentiste muy comprometido y con mucha responsabilidad? ¿Te sacudiste de ella en algún momento?



LG: Sí, responsabilidad sí. Por supuesto... Neruda era y sigue siendo tal vez el más grande poeta de lengua hispana del siglo xx. Siempre supe que no iba a hacer una biografía tradicional, fue lo primero que supe. Cuando Pablo Larraín te propone hacer una película sobre Neruda, tú inmediatamente piensas que obviamente no va a ser una biografía tradicional, el biopic que es tan aburrido y que ya no están los tiempos como para hacer eso. Supe que iba a ser distinto, el guion me lo demostró así, sin embargo la película se llamaba Neruda, mi personaje se llama Neruda. Bueno, Neruda.


KG: No hay escapatoria.


LG: No hay escapatoria, verdad. Me dio mucho susto porque yo era, y sigo siendo, muy ignorante sobre Neruda. A ver, hubo dos flancos por encontrarle. Uno era el aspecto físico, porque no se iba a ocupar estas cosas que utilizan los gringos, que son fascinantes: los gringos son flacos y ocupan estas herramientas que los hacen ver gordos, y luego se las quitan y vuelven a ser flacos. Bueno yo no, yo tuve que comenzar a comer pasta, que al principio me costó y después ya me agradó bastante. Pero me angustiaba mucho la pregunta sobre cómo iba a dar cuenta de este señor, ¿cómo hablaba?, porque Neruda hablaba de una manera, lo que tú me decías ¿no? Tenía esta cosa cadenciosa, aburridísima... Si tú haces una película así a los cinco minutos todo mundo se para y se va. Más que eso, yo sabía que iba a dar con un “habla”, digamos, pero pensaba en la responsabilidad, en algún momento van a decir “Acción” y tú vas a tener que hablar. Estaba muy angustiado, y finalmente me liberó el hecho de saber que hiciera lo que hiciera, alguien lo iba a criticar, lo que hiciera, porque obviamente todo mundo tiene un prejuicio sobre Neruda. Muchos actores que trabajan en la película conocieron a Neruda, entrevisté a mucha gente que lo conoció, y todos tenían una visión distinta. Y una vez hecha la película, siguen teniendo una visión distinta. De hecho me encontré con gente que conoció a Neruda, incluso los mismos actores, y me decían, “Mira, esta escena Neruda no lo habría hecho así, en esta tampoco”, y digo: “¡Entonces lo hice pésimo!”.

O sea, no soy Neruda. Sabía que me iba a enfrentar a un prejuicio porque es una figura histórica, y todo el mundo quiere poseer su propio Neruda. Eso es lo fantástico, los escritores que llegan a esas alturas, y eso fue lo que me relajó, finalmente eso me liberó. Y con Pablo Larraín también conversamos —yo no soy un actor que demande mucho, no me gusta estar hostigando a los directores— y le dije: “Pablito, esta vez sí te voy a tener que molestar”, y él dijo: “Y yo a ti, y tendremos que irnos apoyando en esto porque yo tampoco sé”, y eso también me relajó, saber que Pablo se estaba enfrentando a lo mismo...