Cuando llegó el rodaje, dije: “¿Ahora qué hago, cómo hago esto?”. El director me dijo que me olvidara del tono y de la voz, que me olvidara de todo y que lo hiciera como yo pudiera soltar lo que ella cuenta. Tampoco se tiene tanta información de cómo ella habla porque habla poco, el que habla es el marido, entonces buscamos algo que se pareciera. “Eso no te puede amordazar”, me decía el director. En cuanto al físico... el pelo tal vez es lo más distintivo de ella, que lleva algo que pareciera una peluca pero no lo es. No se le mueve un pelo. A partir de esa peluca, y sólo con esa peluca, yo traté de hacer aquella doña Sofía Reina.

Fue duro, pero por otro lado había tan poco tiempo que casi no tenías tiempo de pensar; había habido un intercambio con el director, y el actor que tenía a mi lado, que hacía del rey Juan Carlos, tenía un conocimiento exhaustivo del rey porque había hecho tres o cuatro veces del mismo personaje y hacía una imitación perfecta. Lo que mi compañero hacía me ayudaba muchísimo, más que todo lo otro. Acabamos aquello y pensaba que me iban a machacar, la crítica, público... Entonces ya iba preparada, pero había gente que le gustaba, mucha menos que la que no le gustaba, pero un día me encuentro a la reina y me dice: “Me gustó mucho como hiciste de mí”. No sabes como respiré.


JA: Curiosamente me han llegado bastantes personajes históricos, y también me ha pasado algo parecido a lo que tú comentabas. Al principio me entra mucho pudor porque son personajes muy conocidos, muy respetados. Interpreté a Manuela Sáenz, la heroína de independencia en la película El Libertador, interpreté a Carmen Díez de Rivera, mano derecha de Adolfo Suárez en la España de la transición. Yo soy colombiana, entonces para mí era algo lejanísimo pero a la vez riquísimo porque me permitió conocer la historia de España a profundidad. Interpreté a Yoyes, una mujer vasca dirigente de eta que fue asesinada por la propia organización, uno de esos personajes improbables. “¿Cómo voy a ser yo a una vasca, una etarra. Yo soy colombiana”, pero confieso que esos personajes me han aportado una riqueza muy grande porque ha sido todo un trabajo de comprender, de situarte socio-políticamente en la época en que esto sucedía. A mí me ha abierto mucho la cabeza interpretar estos personajes.

Y también con mucho miedo siempre, me da un ataque de pánico siempre. Entonces me entra como un afán brutal por documentarme muchísimo, esta cosa compulsiva, digo un poco obsesiva... Con Yoyes me fui a su pueblo, recorrí todos los pueblos donde íbamos a rodar, fui al cementerio a buscar su tumba, le pedí permiso ¿sabes?, le hice un ritual en el cementerio. Me entra un afán por eso, pero luego me relajo, entiendo que es mi Yoyes, es mi Carmen de Rivera, es mi Manuela Sáenz. A unos les gustará, a otros no les gustará. Es mi versión, e intento tratar de no juzgarla, tratar de entrar ahí con amor y con respeto y desde ahí jugarlo. Pero han sido lindas experiencias.


LG: Y dejémonos de cosas. Yo no soy nada cercano a la Iglesia católica pero la imagen que tengo de Cristo —sí, es muy bello todo el imaginario que hay de Cristo a lo largo de la historia de la pintura, es bellísimo— pero en general cuando tú piensas en Cristo, piensas en el flaco este que hacía de Jesus Christ Superstar... Finalmente pienso que eso tiene más poder. Y existen las pinturas de Miguel Ángel y qué se yo, pero finalmente ése es...

PERFIL DE LOS PERSONAJES

KG: Hablemos un poco de género. Somos muchas personas las que celebramos Aquarius, no sólo porque es una linda película y por tu trabajo, Sonia, sino porque estamos hablando de un personaje protagónico de sesenta y tantos años. ¿Qué pasa con los personajes con el paso del tiempo? ¿Cuánto tiempo pasó para que volvieras a filmar en Brasil?


SB: Bueno, veinte años desde la última vez que hice una película en Brasil. He hecho unas cositas para televisión pero no cine. Vivo en Nueva York y he estado trabajando más por ahí. Cuando Kleber me mandó el guion, era una cosa increíble pensar y hablar en mi lengua madre porque he estado trabajando en inglés y yo no hablo inglés por lo que tenía muchos dialogue coaches. Es pesado para un actor que no habla la lengua tener libertad. Es muy difícil. Entonces no estaba pensando en interpretar a un personaje que hablaba portugués, pero cuando empecé a leer la historia, el guion, más sentía que conocía a esta persona.

Mi personaje, Clara, y yo, aunque teníamos la misma edad, veníamos de contextos muy distintos, pero las dos nos encontrábamos en una misma dimensión. Después de estar fuera de Brasil por veinte años, un actor ya no es tan importante en su país, pierde un poco el poder político, pierde un poco su plataforma hasta que no vuelvas a trabajar y recuperar la visibilidad. Pero hacer esta película con un personaje mayor —no hay muchos personajes para mujeres de esa edad como protagonistas— pasó a ser algo muy grande para mí porque el personaje estaba diciendo cosas que yo quería decir a mi propio país, entonces “trabajábamos juntas”, era muy extraño. Kleber algunas veces me decía: “Estoy un poco confundido, no sé quién eres. ¿Eres Clara o Sonia?”.

Aunque yo nunca pedí que me llamaran Clara, se fue creando una intimidad con esa persona, con ese personaje, que me ayudaba a decir cosas que yo pensaba desde hacía mucho tiempo pero ya había perdido mi plataforma. Tú sabes, en Brasil tenemos una fuerte televisión que es una sola, todo pertenece al periódico más importante, es un gran network (TV Globo)... Estamos en un momento muy importante en Brasil en donde las personas deberían estar discutiendo más.

Cuando llegamos a Cannes con la película, hicimos la protesta para decir a la prensa internacional lo que pasaba en Brasil. Ahí había una continuidad del personaje. Estaba pensando en personajes que son históricos o personajes que se tornan históricos porque son importantes para las personas y cada uno crea una imagen propia. Yo hice la adaptación de un libro muy importante de Jorge Amado que se llama Gabriela [clavo y canela] y mientras lo hacía, entendía que yo era ella, yo soy esa persona hasta hoy. Con Clara pasé a representar esa persona en el camino, promoviendo la película. Era algo impresionante porque las personas me miraban como al personaje, pero lo que yo estaba diciendo eran cosas que estaban “tapadas” dentro de mí. Conocí a Kleber cuando me ofreció el guion, no lo conocía de antes. Él tiene la sensibilidad para lograr plasmar todo lo que pasa, todo estaba ahí. Después, mucha gente, personas muy jóvenes que vieron la película, fueron como una especie de puente para comprendo lo que pensaban los jóvenes, personas que tenían perdida esa conexión con la verdad, con el país, con todo eso. Es algo muy fuerte.