Diego: Si uno lee los periódicos o ve los noticieros, quizá en lugar de informarse, se desinforma. La realidad es una ficción que cada uno va elaborando conforme sus experiencias y sus excesos. Y algo que pienso mucho cuando veo tus películas es el poder que tienen para transmitir sensaciones, transmitir emociones.

Yo fui periodista mucho tiempo del “diarismo”, de la nota, que es una nota aséptica, fría. De unos años para acá he hecho mucha crónica, precisamente por tratar de transmitir emociones en la lectura, algo que muy pocas veces se puede lograr en el periodismo, pero en tus películas es impresionante cómo se consigue. Son además muchos momentos, sensaciones hasta contradictorias, que al final te llevan de la emoción a una especie de reflexión y de política. Y me pregunto si en tus películas hay contenido y lenguaje. Del contenido, tu vivencia, tu visión muy personal de la vida o del mundo; y el lenguaje son todas estas filmografías que nos comentas y todo lo que vas adquiriendo... pero, ¿qué sientes que domina o que dominó en el caso de Japón? Para mí, el contenido. Aunque tenías un equipo, por lo que decías, con mucha hambre de hacer cine, con muchas ganas de transgredir, de jugársela, siento que aquí el contenido prevaleció sobre el lenguaje, a pesar de que el lenguaje es tremendo.


Carlos: Sí, en última instancia sí, pero necesito precisar. El contenido y el lenguaje son una sola cosa. Es decir, a mí lo que me movía a hacer la película era filmar esos lugares, esa gente y esos sonidos. Eso era un fin para mí. Y ese fin es el contenido medular y lo que pudiera distinguir desde entonces mi manera de hacer cine. Filmo para reinterpretar lo que está presente en este planeta, antes que para construir conceptos comunicantes de una narrativa. Y sí, lo que ocurre ahí, la mujer y el hombre, todo me es muy cercano. Mis bisabuelos tenían una casa en esa zona de Hidalgo, arriba cerca de Huasca. Ahí yo pasé gran parte de mi infancia, casi todas las vacaciones, muchísimos fines de semana. Una vez al año bajábamos por esa barranca, por donde desciende el hombre al principio de la película, y en el valle nos recogía alguien, tardábamos medio día. La carnicería es la del pueblo donde está la casa de mis bisabuelos, ahí vendían carne vieja, muy olorosa. Ya sabes, las sensaciones de todo nuestro país, incluidos los olores. Todo me era cercano. Yo quería revisitar esos lugares filmándolos.

Tú hablas de contenido, Diego... Yo considero que al final ‘lenguaje’ y ‘contenido’ tienen que ser uno solo, y, en el cine en particular, se tiene que llegar a una síntesis. Cuando la síntesis es sólida, se produce esa sensación física, casi del olor, de poder tocar y de sentir la vivencia de una forma certera. Cada uno con subjetividad crea en lo personal lo que percibe como contenido; es decir, su lectura cultural-ideológica. Creo que eso es lo que tú defines como contenido, pero la realidad es que el contenido genuino es lo que acabo de describir, personas, paisajes, objetos y desde luego situaciones y diálogos.


Diego: Uno ve Japón y termina conmocionado con muchas cosas, pero ya cuando la códigos? A final de cuentas, puede ser una pregunta ociosa porque para la alquimia necesitas las dos cosas, los dos elementos.

Abraham: Hay algo interesante en lo que dices que conecta con lo anterior; un poco con lo de tus crónicas, que están atravesadas, no pueden ser nada más objetivas ni neutrales, no es el “diarismo” que hacías, sino que ahora está permeado de tu ideología y de tu manera de percibir el mundo. Yo creo que esta película es de una sinceridad y de una transparencia que nos deja ver quién es Carlos. Sabemos quién es, y no es para nada una película objetiva ni neutral. Creo que es una constante en todas tus películas, ni qué decir de Post Tenebras Lux, es transparente, translúcido, sabemos perfectamente, por decirlo de alguna forma, con quién estamos hablando. Eso a mí me parece un interlocutor perfecto, no es el que se esconde, el que dribla ni el que hace triquiñuelas. No, es frontal.


Diego: Lo interesante es que no son biografías tampoco; más bien es retomar y mostrar su visión humana...


Abraham: Es más lo que dices tú, transmite.


Diego: Sí, y perdón que hable de mí “tantito”, pero tengo un libro sobre la guardería ABC [Hermosillo, Sonora, México], de un siniestro donde mueren 49 niños por causa de la corrupción [5 de junio de 2009]. Es un libro coral que luego se hizo teatro, que para mí es un libro sobre la paternidad. Yo estaba por ser papá, lo escribí los 9 meses de paternidad. Mi hijo no aparece ahí, no se hace una mención, pero todo lo que hay, cada línea, tiene que ver con ese contenido de la experiencia que estaba yo viviendo.

Siento que aquí no apareces tú, bueno sí apareces, pero...


Abraham: No... pero es totalmente verdad, hoy justamente le comentaba a Elena [Reygadas, hermana de Carlos], que por coincidencia con Alejandra [Carrillo, pareja de Abraham] fuimos en la mañana a Ciudad Sahagún y caminamos este paisaje del estado de Hidalgo que es pulquero, que tuvo su auge, que sigue teniendo otro auge, que tal vez es industrial o de otro tipo, e inevitablemente me acordé de Japón, no me acordé de Gabriel Figueroa...


Carlos: Ni de Rulfo...


Abraham: De Rulfo menos.


Carlos: Rulfo es genial porque, finalmente, sintetiza eso que todos vemos y sentimos cotidianamente de una manera pura y perfecta. La destilación y la síntesis de algo que es... llamémosle la realidad, o al menos una “realidad específica”.