Me quedé pensando en un punto muy concreto que no he comentado. Más allá de cualquier cinefilia, de cualquier tema de lenguaje, hay en el origen de la película un tema vivencial esencial y tiene que ver mucho con el pensamiento, la reflexión de un adolescente, que en mí empieza (con temas que están en la película me refiero) desde los quince o dieciséis años, y en el que tiene que ver mucho Alejandro Ferretis, a quien no he mencionado.

Alejandro Ferretis es el personaje de la película, que murió dos años después de terminarla, asesinado. Lo digo abiertamente porque es algo que tiene mucho que ver con lo que pasa en nuestro país, lo siniestro. Él era el típico hombre de los sesenta de una cierta clase social, muy intelectual, politizado y culto. Estuvo cerca desde que yo era adolescente y me hablaba constantemente del Mito de Sísifo de Camus y de Arthur Koestler; me pasó mucha literatura y música. Era muy cercano al tema del suicidio como elección humana, como el único ser que puede hacer eso, tal vez también las ballenas, pero no sabemos... Estaba en contra de la familia; para él, una institución burguesa. Tener hijos era algo totalmente conservador. Yo me preguntaba si la ideología lo llevaba genuinamente a esas elecciones o si estaban condicionadas por ciertas situaciones de su vida. Me preguntaba si no preferiría ser un hombre sencillo sin tanto cuestionamiento. Mucho de lo que está en la película eran reflexiones que yo tuve en ese diálogo, sobre todo en esas edades, cuando casi todos los seres humanos estamos indefinidos, estás aprendiendo, te haces preguntas esencialistas o filosóficas sobre la razón de vivir y si tiene caso hacerlo. Para mí, la idea de un hombre que va a suicidarse, como una decisión completamente consciente y racional, entraba en tensión dialéctica con el mexicano tradicional a quién podríamos definir como un “budista irresponsable”. El budista integral quiere ser una mariposa o un árbol; el mexicano es como una mariposa de manera natural, no tiene que pensar en ello. Digo irresponsable porque no es este budismo trabajado, en el sentido de la práctica, sino que simplemente se existe. En este pueblo nuestro, “se existe” primeramente, sin necesidad de creencias específicas. El hombre occidental mexicano entra en contacto con este otro mundo, digamos esencialista, tradicional mexicano. Ese encuentro, enriquecedor en última instancia, era lo que me interesaba en la película, como contenido secundario. Es decir, el que genera mi propia subjetividad a partir de lo que ya definí como contenido absoluto. Por eso es posible que algunos de los que me escuchan ahora no compartan mi lectura de la película en esta parte. Es que viene de mi subjetiva. Y yo no quiero hacer nunca un cine que sea ideológico, ni mucho menos didáctico o militante, por lo que no invado o intervengo en esta parte de la formación de significado. Presento el contenido efectivo o absoluto para que el contenido subjetivo puede generarse en cada espectador según su sensibilidad y carácter y, en la menor medida deseable, racionalidad.

Lo que acabo de describir como encuentro de dos cosmogonías me parece ser lo que vivimos a diario en este país que decimos que es mestizo; y sí que lo es a nivel de la sangre; pero a nivel de la percepción de la existencia, me parece que es completamente dual. Yo creo que en México hay gente que concibe el mundo de manera occidental, uno mismo y lo de afuera son dos cosas que puedes separar fácilmente. Y luego está otra gran parte de México, la mayoría, que vive una cosmogonía de unidad.

Diego: Y aquí los hiciste confrontarse. Yo sabía que Alejandro Ferretis había fallecido después, pero, interesante, finalmente tú, en ese diálogo que tenías con él, decidiste hacerlo vivir de nuevo con la película, o sea, que él nace en cierta forma.


Carlos: El aportó su ser a la película. Pero la presencia, una vez filmada, muta en algo nuevo.


Abraham: Sobre lo que decía Diego, que también me gusta mucho en Japón, es la salida del espacio occidental urbano de la ciudad por Indios verdes [zona norte de la Ciudad de México], “a la chingada”, y de repente estás en el campo. Y el animalito... escuchas a la rata que está todo el tiempo, pero no la ves hasta el final.

Junto a mi casa hay una antena de Axtel, una cosa gigantesca. “Si me mudo aquí me va a salir cola de marrano”, pensaba. Ayer vi que tres águilas se mudaron a vivir en la antena y están anidando. Eso de alguna manera es esa síntesis que tú haces de Indios verdes a Hidalgo, donde se juntan las dos cosas. Esa dualidad de la que tú hablas, ahí está, la “antenísima” y los animalitos, águilas en el D.F., muy impresionante. Claro, es inevitablemente mucho del espíritu de tus películas, esencialmente Japón.


Carlos: Sin duda, y de mi pensamiento en general, y ahí toca con el tema político en particular. Olvídate de las águilas: simplemente dos cosmogonías presentes en todo. No es un tema ni siquiera espacial de irte de aquí a allá, está en todos lados, todo el tiempo. Piensa simple y sencillamente en la organización loca de este país a nivel constitucional, en lo que son las leyes que pretenden normativizar nuestra conducta. Todas nuestras constituciones desde 1824 se hacen a la manera occidental —salvo por un mínimo res- quicio, no representativo a nivel nación, para los usos y costumbres—, pero en realidad no somos occidentales en la forma de experimentar la vida. Una parte de México sí lo es y coincide con el sistema con que pretendemos organizarnos, pero la realidad es que la abrumadora mayoría de la gente no funciona de esa manera. Por eso el PRI [Partido Revolucionario Institucional] funcionaba tan bien, porque había una especie de, llamémosle, “predemocracia’’ para elegir a nivel comunidades a los candidatos por consenso, que luego se afiliaban y se ponían oficialmente el nombre del PRI, y así gobernaban. Estoy hablando a nivel micro en selección de candidatos de base, no te estoy hablando de la gran corporación, clientelar, corrupta, criminal y embrutecedora.

Eso está permanentemente presente en México, pero no parecemos considerarlo ni lo analizamos con frecuencia y profundidad. Lees el periódico y se habla de libre comercio, de atribuciones jurídicas, de candidaturas políticas; todo desde un punto de vista totalmente occidental. Se nos olvida la gente, el ser que empuja la rueda que es un país. Hace poco estuve en Sayulita, Nayarit; había dos mil personas en la playa y absolutamente nadie estaba haciendo deporte.