Ahí es donde se construye el personaje, es indispensable que suceda de esa manera. Me acuerdo de El eclipse [L’eclisse] de Antonioni, formalmente todo tiene que ver con un significado muy puntual, que también es, yo no diría sexual, sino erótico, así es y acá no hay seducción. El lenguaje es lo que seduce, el lenguaje es el que enamora.


Diego: Y a final de cuentas, romántico, eso entre más cosas, salva al personaje del suicidio.


Abraham: Salva al mundo. Eso nos conmueve, es lo que nos hace humanos, es lo que es bellísimo y era indispensable hacerlo así, aunque el señor estuviera loco y fuera de sus cabales. Ahí está, míralo.

Carlos: Todos estamos unidos por la anormalidad, eso es lo que nos hace normales. Si viéramos cómo es la mente de cada uno de nosotros, en realidad a fondo, pues entenderíamos mejor la diversidad del mundo.


Diego: Nadie es normal.

En realidad, tenía bastante curiosidad de hacerte una pregunta que seguramente te va a fastidiar, relacionada con la literatura. Yo sé que eres lector y me gusta tu definición del cine convencional como “literatura ilustrada”, creo que lo llamas así. Pero si piensas en Japón y en una novela, o en un libro de cuentos o en un poema épico, ¿en qué podría parecerse a algo escrito?


Carlos: El cine es un arte de la presencia. Como lo son la fotografía y la pintura, también la música. Se producen como fenómenos físicos. Su orden y síntesis, cuando son producidos con arte, hacen que trasciendan su nueva corporeidad como objetos y entonces evoquen existencia. La literatura y el teatro son artes de la representación. No existen como seres físicos. La literatura en particular hay que representarla en la cabeza. El teatro claro que tiene corporeidad, la de los actores y los trajes y las luces. Pero la parte que va más allá de lo que está ante nuestros ojos, justamente lo que es la médula del teatro, su razón de ser, que es lo que se representa, no es más que eso, representación. Esto no hace un tipo de arte mejor que otro, son diferentes, y lo irónico es que para completarse tienen que lograr lo contrario de lo que son. Es decir, las artes de la presencia tienen que formar sentimiento desde las imágenes o las ondas sonoras. Si tan solo hacen imágenes o ruido, se duplican a sí mismas sin trascenderse. La literatura y el teatro, por el contrario, deben formar imágenes desde el sentimiento. En este sentido, la propia filosofía sería una imagen. Si tan solo creasen sentimiento, no se realizarían. Para trascenderse la literatura y ser arte, debe formar imágenes. Esta es una idea compleja que necesita más desarrollo. Pero aquí la dejo por ahora.

Si Japón fuera un libro, sería una novela muy floja. Los buenos libros que se hacen película son por regla flojos; las películas lo mismo al revés. Piensa en la escena de la que hablaron, el hombre en ese diálogo tan extraño con la mujer a la hora del sexo. Eso es presencia y en literatura no valdría mucho; lo mismo que la mujer y su voz. Su cara y su voz son intraducibles, valen como realidades. De un cruce sexual entre caballos podemos decir lo mismo. Ahora bien, tu pregunta es quizá más poética que lo que yo he contestado, que huele a muy técnico.


Diego: Poesía justamente... ¿o es pintura sobre todo lo que tú ves?


Carlos: No, no, a mí también me gusta mucho la poesía. Forzando el símil y guardando proporciones, pienso en T.S. Elliot , cuando habla de la tierra, el fierro y el diamante embarrado, el lote baldío.


Abraham: Estás diciendo que serías un escritor ruso del siglo XVII, algo así más o menos. Pero retomando y engarzando con Diego, ¿qué estás leyendo ahora? ¿Qué estás escuchando? ¿Qué película te gustó?


Carlos: Leo un poco de todo, soy muy ecléctico. Estoy leyendo mucho del siglo XIX mexicano, historia, porque tengo ganas de hacer una película de esa época. He estado leyendo a Thomas Bernhard; le comentaba a Diego que empecé leyendo su autobiografía y es absolutamente fascinante y de ahí me he pasado a otros de sus libros. Todos maravillosos. En este momento estoy leyendo a Thoreau, Walden [La vida en los bosques].


Diego: ¿Y ves algo de cine mexicano?


Carlos: Veo muchas películas la verdad, no sabes cuántas veces veo Bergman al mes. Veo con frecuencia Winter Light [Los comulgantes o Luz de invierno] de Bergman, necesito infundirme esperanza. Pero también veo cine mexicano contemporáneo. Me gusta mucho Amat Escalante, la verdad me parece un cineasta impresionante. Vi el documental de Everardo [González], el último; me gusta mucho todo su trabajo. Los documentales de Tatiana Huezo me parecen extraordinarios.


Diego: ¿Te gustó Los herederos de Polgovsky?


Carlos: Polgovsky fue un amigo al que quise muchísimo. Me encanta Trópico de Cáncer, su primer documental. Resurrección es una joya absoluta que abraza como pocas obras la indolencia del mexicano. Esa indolencia, al margen de la causa, que es básicamente la gran crueldad humana, es definidora de lo estamos viviendo.