Lo platicaba aquí con Luciano Concheiro, a diecisiete años de distancia, México es un país más democrático en el sentido de que hay más partidos políticos, hay más periodistas independientes, hay más empresarios trabajando en sus diversos mundos, hay más libertad de manifestación, pero al mismo tiempo también hay desapariciones de 43 estudiantes que van a protestar o hay asesinatos de periodistas como nunca, o hay más corrupción con todos los partidos políticos. Es decir, como si la democracia generara una mayor barbarie o una mayor deshumanización. Pero bueno, allá está Donald Trump, y en Colombia, la gente, en un ejercicio democrático, votó por la guerra cuando se les preguntó si querían la paz o la guerra. Tengo la impresión de que la democracia a final de cuentas no está logrando controlar al dinero, que es lo que está en el centro de nuestra vida moderna. Te hago todo este resumen desde mi punto de vista, pensando en que tú eres un creador de este siglo XXI, donde la idea de la democracia se va a desvanecer en los próximos veinte o treinta años, y vamos a intentar buscar nuevos referentes para tratar de controlar la barbarie o este conflicto permanente que, en sociedades como la mexicana, veo eterno; ni siquiera creo que sea importante resolverlo.


Carlos: Lo que estás diciendo es visionario. La democracia formal va a desvanecerse y ¿con qué vamos a substituirla? Al margen de lo formal, ¿qué es lo que nos rige hoy y que nos regirá en el futuro? Lo último que dijiste me aterró: en realidad no es importante resolver lo que pasa en México. Ahí está el fondo... además hay un tema estructural básico: la democracia moderna y el ejercicio del estado de derecho están fundamentados en la división de poderes. Tienes una mesa de tres patas, si le quitas una, no funciona. Más allá del poder legislativo y la vergüenza que le falta a esa gente, más allá de la ineptitud histórica del ejecutivo, creo que el gran problema de México hoy, en cuanto al funcionamiento del estado, es que la pata judicial no existe, es una absoluta aberración. Si te metes más allá de todo lo que se lee en los periódicos o en temas en la radio y estás con la gente común en los pueblos, en las ciudades, te vas a dar cuenta que hay un problema gravísimo del que se habla muy poco que es la cantidad de conflictos jurídicos que tiene la gente, temas penales, en concreto. Broncas, acusaciones, el ejercicio inefable del ministerio público, en el que ellos genuinamente creen que su trabajo es meter a la gente por cuotas a la cárcel, no a los culpables... ¡Esto es una cosa que jamás imaginaron posible quienes diseñaron estas estructuras en Francia y en Estados Unidos hace más de dos siglos! Estoy en contacto con gente que tiene problemas judiciales de este tipo todo el tiempo, y son tragedias inconcebibles; las cárceles de México y todo el sistema de justicia son simplemente infernales. La primera función del Estado es la seguridad interior y luego la seguridad exterior. México es un estado fallido porque la primera no se da de ninguna manera. El problema de administración de justicia ha contribuido con mucho a la desestructuración social que nos daña tanto.

La privación de la libertad de un inocente, una de las situaciones más tremendas y graves que puede experimentar el ser humano, se ha convertido en algo normal, o sea, parte de la normativa efectiva. Muchísima gente cree que es parte del sistema legal conseguir dinero para darle a un juez, a ministerios públicos o a administradores de prisiones para evitar penas de prisión o aplicárselas a otro. Este no es un tema dominante en la comentocracia; es más fácil hablar de los partidos políticos y de las payasadas que nos venden como eslóganes y mercadotecnia.

A nivel sociedad, donde vivo no hay persona que carezca de algún enemigo a muerte y sin excepción se cuidan de que no los vayan a “madrugar” cuando andan a solas de trabajo en el campo.


Diego: Es muy interesante todo lo que dices de la justicia. He pensado siempre que México es un país que es una potencia de abogados a nivel latinoamericano, dan cátedra en muchos lados, hasta de cine como tú, pero es un país con poca justicia a pesar de que hay muchos abogados muy buenos.


Carlos: Siempre hemos sido expertos en lo formal, por eso lo de los abogados; sí somos potencia. Y lo somos, o éramos, en política exterior también. Es la misma raíz. Tenemos una relación muy natural con el desfase entre lo formal y lo real. Lo formal nos fascina porque es algo cercano a la religión, a la mística religiosa. Es lo más puramente verdadero para nosotros, un canon... Lo real en cambio, la materia, la ignoramos con facilidad pasmosa. Creo que puede afirmarse que hoy en día México es el país más injusto del mundo. El sufrimiento que hay en este país a nivel micro, que es lo que realmente cuenta, es incalculable. Es el país más maravilloso hasta que te toca mala suerte, y ese día es el peor; y hay mucha gente a la que le toca.


Diego: Juan Villoro dice que es el país del carnaval y el apocalipsis... Yo creo que ya es el del apocalipsis.


Carlos: Yo también... Bueno, no sé si alguien del público quiera comentar algo. Nos desviamos un poco. Es que, si pudiéramos como humanos tener entendimiento de lo que está pasando ahora mismo en este país, ¡tendríamos que parar todo ahora mismo!