Diego: ¿Guionizas con storyboard o con texto?


Carlos: Yo escribo guiones técnicos desde el principio, escribo plano tras plano. Desde créditos: “Las letras de color azul aparecen con tal tipografía en fundido o en corte, duran más o menos tanto, luego aparece la primera imagen, y es un sujeto tal en plano medio que mira a la derecha, entonces comienza un movimiento...”. Y en realidad esa es la forma de escribir una película. Es como si fueras un arquitecto y vas a construir una casa, pues tienes que hacer un plano y seguirlo. Luego puedes improvisar, cambiar la ventana, transformarla un poco, la casa la tienes que girar porque hay un viento constante desde el punto X que no habías percibido, etcétera. Cuando veía películas en VHS, las analizaba plano tras plano, le daba rewind y pausa. Me fijaba en cómo cortaban y cómo le hacían para que hubiera continuidad sensorial. Incluso me acuerdo que, aunque parezca ridículo, en Los Simpson —que siempre me han gustado— te puedes fijar muy bien cómo y por qué pasan de close-up a un plano general, de pronto a un travelling... y vas viendo cómo una caricatura como esa está tan bien cortada. El punto es que si observas con atención, aprendes.


Abraham: Eso es el drama ¿no?


Carlos: Más allá del drama, yo te hablo de sintaxis ahora. Cómo das sentido a lo que dices. Cómo construyes tu lenguaje. A veces veo storyboards de algunos cineastas y pienso: “Contrataron a un dibujante para que hiciera unos dibujitos muy de comic que ni siquiera están en el formato de la película, ¿para que sirven los dibujos?”. Si vas a trabajar en cinemascope, o bien en formato académico, ahí haces la composición de la película. Si no, mejor no perder tiempo.


Diego: ¿Y eso lo publicaste ya?


Carlos: Sí. El libro se llama Luz y lo editó el gran Marco Perilli. Pero volviendo al diseño de una película, oí de un amigo que está haciendo una gigantesca en China, con todo el dinero del mundo, y la hacen toda en computadora primero, toda animada, de manera que ven los diálogos y los movimientos de cámara, desarrollo de personajes, ritmo, etcétera. Es de artes marciales, entonces brincan, y ven si tienen que filmarlo de lejos, desde abajo, desde arriba; y ya que está todo resuelto, lo corrigen y lo filman con seres humanos. Todo cineasta te podría decir cuando acaba de filmar su película: “Ahora la volvería a filmar toda otra vez, pero ahora sí en serio”. Esto llega incluso a la duración. Desde mis primeras películas tengo una idea muy cercana de cuánto van a durar, no por eso que dicen los gringos —que es una tontería— que cada página es un minuto, sino porque cierro los ojos y con un cronómetro (ya no hago eso, lo he aprendido a hacer de una manera más natural) voy viendo la película imaginada dando clic y apuntando cifras. Todo con base en la previsualización.

Público: Ahora, hablando como un abogado, ¿nos podrías contar alguna anécdota de cómo fue el ser litigante y tener retos dentro de las filmaciones? ¿Cómo fue ser director, pero como abogado? Me parece muy interesante porque te abres muchas barreras legales, creo.


Carlos: La mente estructurada ayuda mucho al cineasta porque hay muchos temas logísticos, de organización y comunicación con el equipo. Esa es una parte beneficiosa pues derecho y estructura son una sola cosa. Antes comenté que estamos ante un trabajo colectivo, aunque se trate de visión personal, y los abogados trabajan mucho en grupo. Lo que sí es interesante, y para mí fue una suerte, es haber podido estudiar algo diferente, dedicarme a ello y luego hacer películas. Es enriquecedor en lo creativo específicamente. Si alguien quisiera ser cineasta y me preguntara dónde estudiar, yo le diría mejor estudia arquitectura o bellas artes, literatura, biología e idealmente, filosofía.