Público: Carlos, me gustaría que nos compartieras un poco sobre esta edición de Criterion, ¿qué representa para ti como cineasta el haber sido seleccionado para formar parte de este catálogo, teniendo en cuenta que ya pasaron 15 años de tu debut? Digo, no ha sido mucho tiempo, pero ya eres un clásico, como decían tus compañeros.


Carlos: Hay un tema muy importante y en el que se piensa poco cuando no cargas ya con un bagaje, que es la conservación de las películas; lo de Criterion lo agradezco mucho. Quiero decir que tú escribes un libro y ahí queda indefinidamente. El master, es decir, el original, no tiene una importancia especial, más allá de lo sentimental. Una película o el celuloide se calcula que tiene una vida máxima de 100 años en condiciones idóneas y se tiene que conservar en un sitio. De pronto te da miedo meterlo a una cineteca porque se puede quemar o alguna cosa por el estilo. Entonces haces un búnker en tu casa, pero los problemas de humedad en México son delicados porque tenemos mucha lluvia o mucho estío, por lo menos en el centro de México y todo el altiplano. En cuanto al DCP y temas digitales, también dan miedo, yo tengo cosas en mis discos duros y de pronto los conecto cuatro años después y ya no “jalan”. Lamentablemente, yo no he sido demasiado bueno para conservar mis películas; ahora hay un escaneo de muy buena calidad y guardan una copia en un archivo. Te da una cierta paz, por lo menos a mí que sí siento angustia; de repente despierto en medio de las noches porque perdí todos los betacams de mis películas y me pregunto dónde están. Por suerte tengo los negativos y los voy a volver a escanear.


Diego: ¿Sí, nada más? ¿No te interesa la trascendencia?


Carlos: Gran pregunta. ¿Es real la trascendencia o es una ilusión? ¿Recuerdas lo que dije de Giotto? ¿A él le daría gusto que su obra siga aquí? Es como si la hubiera creado la propia naturaleza, quizá un Dios, y nosotros la adoráramos, un concepto, una marca. En todo caso, por absurdo que sea, el artista por definición busca comunicar con los vivos y los por vivir... Claro que me daría pena que se pierda mi trabajo. Solo a veces la urgencia no te deja espacio para lo importante, grave error.


Abraham: Como yo lo pienso es: veo tus películas, y eso a mí me genera preguntas. Eso es la trascendencia, que puedas seguir generando preguntas; no es otra cosa.


Carlos: Sin duda, y además para eso las haces, para compartir y continuar ese ciclo; eso sí que es algo que da sentido a la vida.


Público: Y de todas tus películas, ¿esa es la que crees que debería de estar en colección Criterion?


Carlos: ¿Esta?, no en especial; ojalá todas. Son temas de derechos. Esta es la primera que se libera, pero en realidad tenemos un arreglo para que vayan siendo más, pero tienen que ir pasando los años. El mundo del cine también es triste. Tienes una parte práctica, vendes tu película a un agente de ventas durante 15 o 20 años y revierte a ti después de un tiempo. Esta ya me revirtió, pero las otras siguen, digamos, invadidas.


Público: Decías que no trabajas con actores, eso ya es conocido, pero ¿cómo es tu acercamiento con un no actor para que se desnude ante una cámara? ¿Cómo hacer este trabajo de convencimiento para que trabajen con tanta naturalidad? Porque la señora se ve cómoda ante las cámaras, es algo muy impresionante y que logras en muchas de tus películas. Me gustaría conocer ese proceso.


Carlos: Te diría que el pudor en general es complejo con cualquier ser humano, cada uno requiere un trato diferenciado. Ante todo, somos personas con nuestras características específicas y así es como tienes que acercarte con cada uno. Algo que sí me une con todos es que hay un trabajo de mucho conocimiento y de mucha confianza a nivel personal. Es decir, cuando vamos a hacer la película, y me imagino que quiero trabajar con alguien, vamos a comer o a cenar, voy a su casa, veo su ropa, me cuenta sus historias personales, trato de conocerlo lo más que pueda en un tiempo corto, como si lo conociera hace 30 años, como a un amigo del que sabes todo porque lo has vivido junto a él. Pero como no tienes ese tiempo, entonces hay que forzar muchísimo el acercamiento humano y la confianza. Siempre decir la verdad de lo que va a pasar, incluso ponerlo peor de lo que va a estar para que luego pidas menos. Hay mucha gente que les dice poco y pide más en el rodaje; yo prefiero lo contrario, pero siempre dando confianza, explicarles las razones. Ella por ejemplo me decía: “¿Pero, por qué tengo que salir encuerada?”. Yo le explicaba genuinamente por qué para mí era importante, y ella tal vez no lo entendía, pero sí entendía la razón de una necesidad genuina. Por ejemplo, a Ferretis que es un occidental racional, me acuerdo que le dije: “Ella va a estar en la cama, tú dile que se desvista y simula que vas a tener con ella una relación sexual (perdón por la expresión, pero así se conoce vulgarmente) ‘de perrito’”. A ella, que es una persona muy honorable que había hecho el compromiso conmigo de hacer la película pero que también es una persona muy pudorosa, como casi cualquier mujer de ese contexto, y que le iba a costar trabajo desnudarse, le dije: “Haga lo que él le pide”. Yo sabía que ella se iba a resistir, pero al mismo tiempo lo iba a hacer porque esa era el compromiso de la vida real, dentro de la película era eso lo que estaba ocurriendo: un hombre le pedía cierta conducta y ella honraba el compromiso, resistiéndose a su pudor. Obviamente no le iba a resultar fácil, pero ella ya había hecho esa promesa, entonces coincidía la vida real con la circunstancia de la película y así lo vas llevando. Ese caso fue uno de los más extremos, a mí mismo me impresionaba tener que hacerlo, pero cuando eres el director y quieres lograrlo, tienes que entender que estás trabajando y poner eso por encima de todo.


Carlos: Yo también... Bueno, no sé si alguien del público quiera comentar algo. Nos desviamos un poco. Es que, si pudiéramos como humanos tener entendimiento de lo que está pasando ahora mismo en este país, ¡tendríamos que parar todo ahora mismo!