Es muy frecuente en temas de desnudos que a la hora de filmar el director se asusta y le da vergüenza hacer lo necesario. Pero hay que ser consecuente, y si eso es lo que hay que hacer para la película, hacerlo y tomar el riesgo. Hasta a nivel de equipamiento, trabajando en algunas tomas en el mar, por ejemplo, en Post Tenebras Lux, la gente de cámara me decía: “¡No, se va a mojar!”, y yo contestaba que si se mojaba, pues ya veríamos qué hacer, pero te tienes que arriesgar. Tienes que llevarlo hasta el límite para que quede la toma como tiene que ser, eso va con los actores, va con todo lo físico y lo mental. Ahora trato de evitar cosas como poner en peligro la vida, pero a veces sucede. Mal hecho, quizá, pero el asunto es que sucede.


Público: Cuando mostraste la película con varios amigos y no tuviste la reacción que esperabas, ¿cómo fue el camino de ahí a la Cámara de oro? ¿Decías: “Yo quiero ir a Cannes”?


Carlos: Yo ni siquiera sabía que las películas podían ir a más de un festival; me interesaba la película en sí más allá de su “carrera”. Me acuerdo que cuando estaba editando en Madrid, me decían: “¿Y para cuándo es tu película?”. “Pues para cuando la acabe”, respondía. Había un fondo del Festival de Róterdam de quince mil euros, que había pedido desde antes y no me lo habían dado, y cuando terminé la película, la volví a mandar y les dije: “Aquí está la película, reconsidérenlo”. Resultó que lo reconsideraron y me lo dieron. Con eso pude llevar la película al Festival de Róterdam, la vieron, y gustó. Ahí la vio la directora de la Quincena de Realizadores de Cannes (Marie-Pierre Macia). Todas las películas tienen que ser supuestamente estreno mundial en Cannes, pero ella pensó que era una película que valía la pena la excepción y así fue. Entonces entré en contacto con un productor con el que luego trabajé la siguiente película y él me ayudó a pagar deudas y tomó la película, que estuvo en Cannes, y esa fue la historia.


Público: ¿Crees que, como una nueva faceta en tu lenguaje cinematográfico, hayas pasado de tratar de recrear una autenticidad y un realismo a algo más abstracto? Por ejemplo, Batalla en el cielo tiene muchos tintes sociológicos. ¿Crees que hayas pasado de eso a la abstracción onírica absoluta de Post Tenebras Lux? ¿Se va a conservar esa tónica en tu próximo proyecto?


Carlos: Pues mira, la realidad es que todo el tiempo estás cambiando, y en el cine, como requiere mucho tiempo, sí puedes vincular cada película a tus propios procesos. Por lo menos me puedo ir dando cuenta como cada una de ellas refleja cierta etapa de pensamiento o de inquietudes. Japón responde mucho a cuestionamientos de juventud, digamos, el suicidio y la sexualidad, temas muy esencialistas; Batalla en el cielo, efectivamente, es muy sociológica, son preguntas que me hacía como persona de la Ciudad de México en estos mundos contrastados.

Me acuerdo que hasta el Mochaorejas1 Daniel Arizmendi López mutilaba las orejas de sus víctimas para presionar a sus familias a pagar grandes cantidades de dinero a cambio de no hacerle daño al secuestrado. me inspiró cuando lo oí en una entrevista quejándose de que lo habían detenido y que no podía trabajar. Luz silenciosa tiene que ver con algo mucho más emocional, como asuntos de pareja, enamoramiento y sexualidad, a lo que los seres humanos nos acabamos enfrentando irremediablemente a lo largo de la vida. Post Tenebras Lux tiene que ver con cuestionamientos sobre la estabilidad emocional individual en su relación con estructuras de permanencia como el matrimonio y la familia, temas de otra edad. Mi nueva película es un avance con variaciones sobre la misma temática pues también tiene que ver con temas de la vida en pareja, pero ya en otro estado. Desde luego también ubicada en esa tensión entre lo individual y lo colectivo, la que se suma a la inherente contradicción personal que siempre está presente en mi obra. Puedo identificar etapas de mi pensamiento y de mis inquietudes en general. Pero a dónde avanzamos —o retrocedemos— no se sabe, no tengo un plan al respecto, y si lo tuviera, fallaría sin duda.


Público: No es una pregunta, es más bien una invitación a que te abras un poco, porque siento que tienes una idea de los actores como algo antiguo, como la idea de la interpretación, y eso no está en mi esquema. Para mí, es la idea de encarnar. Acabo de regresar de Argentina y estuve con un director que hace todo un trabajo con los actores de capas de “actoralidad”, no trabaja con personajes sino con uno mismo, con las emociones que uno tiene, y a partir de eso va poniendo capas y capas y mezclas. Entonces se vuelve algo interesante, no necesariamente tiene que estar contando algo del personaje. Creo que lo que pasa es que faltan directores que se metan con los actores, que se arriesguen a trabajar con ellos, creo que es el principal problema. A veces uno como actor se siente mal, se siente solo en todo este viaje.


Carlos: Coincido contigo en une buena parte. Antes dije que una de las patas donde cojea el cine de ficción mexicano es en esa. Como bien dices, no es porque haya malos actores, no creo que haya malos actores en México, aunque sí hay que reconocer que el mundo anglosajón, por ejemplo, es muy fuerte en esos temas. Traté de hacer casting de actores para mi última película y me costó muchísimo trabajo, pero creo que tienes razón, puede ser un problema más de directores, de no ponerse a trabajar a fondo con los actores en este tema de la encarnación. Para mí hay un trabajo superficial y se nota en pantalla en la ficción mexicana, y no tanto por el tema de actores sino por el tema de directores.

Es verdad que podríamos variar hacía la encarnación. Ahora, yo creo, y me da pena por los actores y los que han estudiado, que ese trabajo de encarnación lo puede hacer en general casi cualquier ser humano. No se requiere una preparación técnica sino una disposición especial.