Para mí, el tema más importante es el casting, es decir, que escojas a la persona más adecuada para que encarne el papel que necesitas. Desde luego va a haber algunas cosas qué trabajar encima y tienes toda la razón, algo cercano a la encarnación más que a la representación. El tema de los actores en el cine, en mi forma de trabajar, es más como si le preguntaras a un pintor: “¿Por qué no va a pintar a actores?”. Pues va a pintar gente sin distinción. El cine es eso, atrapar presencia humana, la de los objetos y los paisajes y luego trabajarla como materia fílmica. Pueden ser actores los pintados si son presencia y no máscara. No estoy en contra de ellos como seres humanos.


Abraham: Yo tengo una pregunta, no sé si para cerrar, pero a lo mejor es la primera que te hicieron al día uno de que salió Japón, ¿por qué se llama Japón?


Carlos: Qué bueno que vamos a cerrar porque está maratónico. Efectivamente es la pregunta estelar. Sabes, lo que es interesantísimo es la cantidad de cosas que me ha dicho la gente de por qué se les ocurre que se llama Japón, algunas muy sensatas que ni se me habían ocurrido a mí; hasta me las apropié. Alguien me dijo que los samuráis antes de hacer seppuku (harakiri) tenían que ir al monte Fuji a vagar por ahí para reunir energía y lograrlo, un poco como este hombre que va a las montañas. Me han mencionado a propósito de los viejos, de La balada de Narayama, la de Keisuke Kinoshita de 1958, sobre el tema de prepararse a morir allá arriba, en una cima montañosa. Esta película de Kinoshita me parece una de las películas más fantásticas de Japón. También los haikus, y cómo la forma de construirlos es triple: una especie de tesis, antítesis y síntesis. Me decían que los planos o las secuencias están hechos en fracciones de tres planos o de seis planos a manera de los haikus y dije: “Ah, mira qué listo...”, pero evidentemente tampoco se me había ocurrido nada de eso.


Diego: Yo lo había visto como una idea de renacimiento una cosa así. Como Japón, un poco la historia...


Carlos: Podría ser, sí. Otra idea que alguien tuvo es la de un hombre, una vez más un sujeto de la Ciudad de México, cuya cultura se ha nutrido de la corriente occidental más racional, y de pronto se sube en un autobús y va a 100 kilómetros de la Ciudad de México y está como si estuviera en Uzbekistán, realmente cambia por completo la cosmogonía. Cambia el concepto de la existencia y eso es algo también muy interesante.

Aunque como a Diego, a mí lo que se me había ocurrido era simplemente la idea del sol naciente, del ciclo, de que vuelve a salir el sol y todo da vueltas. En el arte pictórico es muy agradable —en literatura menos porque comparte con el cine la venta múltiple de cada ejemplar— que los títulos puedan ser evocativos. Ese cuadro de Mondrian de seis cuadros se llama La casa de mi abuela y nadie le está rompiendo la cabeza de por qué le puso así. Cada quién ya sabe que se la tiene que imaginar y a ver qué se te ocurre, pero el cine, como es una operación comercial, hay que hacer una semisíntesis para que el que compre un boleto sepa.

A mí me mentaron la madre no sabes cuánto y me decían: “Qué mala, odié tu película, además, ¿por qué se llama Japón? No sale Japón siquiera, yo creí que iba a ver una de samuráis”. Mucha gente indignada, porque el cine es comercio, lamentablemente. Yo no estoy para nada en contra del espectador, es la tontería más grande del mundo, obviamente lo haces para compartir y quien conecte bien y quien no, pues nada puede hacerse. No puedes pretender conectar con todo el mundo, te volverías un populista que no está llegando a nada sincero; además, a la larga las cosas encuentran su público. Como el cine comercial mexicano en los años cincuenta, que hoy no nos sabemos ni sus nombres o películas de Buñuel, de quien se burlaban, y que ahora son ultra comerciales porque 70 años después se siguen viendo en todo el mundo; él es probablemente el cineasta más comercial de toda la historia de México. Ahí es donde también conecta la trascendencia que tú dices, Diego. A mí me interesa más que a lo largo del tiempo pueda haber gente a quién le haya significado algo en su vida una de mis películas, aunque sea mínimo, más allá de lograr una operación comercial de alto impacto en un tiempo reducido. ¿Terminamos?

Quiero agradecer infinitamente a Diego y a Abraham por haber estado aquí. Muchas gracias por su generosidad. Muchas gracias al público también.